Hay veces que me lo ponen en bandeja, y esta es una de ellas. Luego, algún amigo siempre
me sale con aquello de que tengo un humor muy negro. Pese a ello, rara es la cena en que si
se tercia y sale algún tema como del que voy a hablar hoy, nadie se parte la caja cuando me
pongo a segar la hierba de jardines sobre los que no escribiría. De todos modos, hoy voy a
hacer una excepción, porque el tema lo merece.
Hace tiempo, un par de años por lo menos, escribí un artículo en este blog sobre los
premios Darwin. Por ello, no voy a volver a explicar en qué consisten. Para los que no los
conozcáis, podéis leerlo
aquí
Pues el caso que nos ocupa es digno de uno de esos premios. Su protagonista, otro idiota
que no contento con las vueltas y revueltas qe da la vida, decidió jugársela por su cuenta.
No es que lo hiciera practicando un deporte de alto riesgo, o en un trabajo con un elevado
grado de peligrosidad... Para nada. Decidió pasar una noche bajo tierra, con su móvil y una
botella de agua.
De esa guisa, un amigo le ayudó a meterse en un ataúd improvisado, del que sobresalían
unos tubos que le proporcionarían oxígeno. Su gran amigo, "del alma", le echó un par de
palmos de tierra por encima, y se fue a dormir tan agusto... Bueno, tal vez a echarse unos
tragos de wozca, pues la historia sucedió en Rusia, y entre el frío y los nervios, imagino
que el chaval lo necesitaría.
¿Qué ocurrió esa noche? Esa es la pregunta, pues en principio, el sistema no estaba mal
ideado, pero bueno, nuestro infortunado protagonista tuvo dos problemas. El primero, que o
bien Dios o bien Lucifer, tenían ganas de que les hiciera compañía. El segundo fue que uno
de los dos estaba mirando hacia Rusia en ese momento, y más concretamente hacia el jardín de
su casa, en la ciudad de Blagoveshchensk, que es donde se cavó la que sin él saberlo, iba a
ser su tumba. Uno de los dos lo estaba mirando porque mientras su gran amigo el enterrador
trasegaba copa tras copa o dormía como un bendito, una lluvia torrencial empapaba la tierra
y obstruía los tubos que servían para que el infeliz respirara.
De todos modos, desgraciadamente no se le puede presentar para los premios Darwin, ya que
ha dejado descendencia. Su idiotez va a seguir sobre la tierra. Eso es sentido de la
responsabilidad. Esperemos qe el hijo salga a su madre.
Para quien quiera más información, aquí tiene la
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