lunes, 6 de junio de 2011

El caso Tsavo

Esta historia ocurrió a lo largo de 1898 mientras se llevaba a cabo la construcción de la línea de ferrocarril que uniría Mombasa con Nairobi. El tren que posteriormente transitó por aquel lugar, fue denominado tren lunático pues atravesaba los montes de la luna, frontera entre Kenia y Uganda.

Para la construcción del tendido ferroviario, el gobierno inglés trajo a 13000 trabajadores que provenían de sus colonias en la India. Estos trabajadores se dividían en campamentos, dedicándose cada uno de ellos a una porción del tendido.

Los hechos ocurrieron en la región de Tsavo, al oeste de Kenia.
Todo comenzó a finales de marzo de 1898 cuando las líneas se cruzaron con el río Tsavo. A causa de la profundidad y el caudal del mismo, el gobierno británico decidió enviar a la zona al Coronel e ingeniero Patterson para que diseñara la construcción del puente sobre el que una vez concluidos los trabajos de construcción, pasarían los trenes.

Una semana después de la llegada de Patterson a la zona desaparecieron dos trabajadores sin dejar rastro. Con el fin de localizarlos se organizaron batidas que resultaron infructuosas.
Tres semanas más tarde y ante el recelo general, desapareció otro peón. En esta ocasión la búsqueda dirigida por el propio Patterson dio como resultado el hallazgo de los restos del trabajador.

El coronel, como casi todo inglés adinerado de la época, era muy aficionado a la caza y a los safaris. Por ello, tras examinar los restos y las huellas de la zona, determinó que quienes habían matado al peón eran dos grandes leones.

Desde aquel momento y a lo largo de los meses siguientes, los ataques de los felinos y el goteo de víctimas fueron en aumento.

Antes de proseguir con la historia, querría recomendar un par de referencias para aquellos de vosotros que estéis interesados en profundizar en el tema.
El primer libro lo escribió el propio coronel Patterson. J. H. Patterson. Su título, Los leones devoradores de hombres de Tsavo.
La segunda referencia es más actual, y llega de la mano del escritor y periodista Javier Reverte. Se titula: El sueño de África.

Concretamente en el libro de Javier Reverte El sueño de África, el autor escribe:

"Al comienzo de sus cacerías, los dos leones cometían muchos errores. En una ocasión se plantaron ante un comerciante indio que viajaba en burro y el hombre, asustado, cayó del asno tirando unas latas vacías que llevaba entre sus mercancías. El ruido asustó a las fieras que huyeron y el hombre pasó la noche subido a un árbol.

Varios días después, otro de los felinos se coló en un vivac donde dormían 14 peones sembrando el terror entre ellos. Hirió a uno de un zarpazo pero con las prisas se llevó únicamente un saco de arroz.

Con el paso del tiempo aprendieron y se fueron haciendo más precisos y también más osados. No los detenían las empalizadas, las tiendas cerradas, los cercados de espinos, los gritos, las hogueras, ni los disparos al aire. Los dos leones se acercaban a los campamentos rugiendo y provocando el pánico entre los indios. Entonces los indios comenzaban a gritar Cavardar, baieon saitan ata. Cuidado hermanos, el diablo llega".

Es curioso el motivo por el que los leones comenzaron a atacar a los humanos de aquel modo tan despiadado, pero se dieron varios factores que lo propiciaron: Por una parte, coincidió que en aquel momento, las presas potenciales de los leones (Cebras, antílopes, ñues) estaban sufriendo una epidemia que había mermado mucho sus poblaciones con lo cual, los felinos pasaban hambre.

Además, y para echar más leña al fuego, en aquellas circunstancias se enterraba de una forma muy precaria a los trabajadores que morían durante la construcción del ferrocarril y era muy sencillo para los leones desenterrarlos. Eso explica que los felinos comenzasen a considerar también a los humanos como presas potenciales.

También resulta poco más que peculiar el trabajo en equipo que realizaban ambas fieras, pero también tiene su explicación, pues lo más probable es que los leones estuviesen emparentados (Fuesen hermanos o primos) Por ello, esa relación les llevaba a colaborar muy estrechamente en sus cacerías.
El trabajo en equipo sería equiparable al de dos soldados en la actualidad. En aquel momento y para aquellos hombres, los felinos eran eficaces máquinas de matar.

Pero el tiempo pasaba y el número de víctimas iba en aumento. Otra noche, los dos animales capturaron a un trabajador y empezaron a devorarlo bajo un árbol sobre el que se refugiaban una veintena de aterrados peones. Tal y como reza la ley de Murphy, si una situación puede empeorar, sin duda empeorará; pues en aquel momento, una de las ramas del árbol se rompió con lo que una decena de hombres cayeron encima de las fieras y de los restos de su compañero. Los leones no hicieron el menor caso a la lluvia humana que se les venía encima pues ya estaban saciados. Los hombres por su parte huyeron a toda prisa.

Era tal la tensión y el terror que sufrían los trabajadores que algunos de ellos desertaban escapando en los trenes que iban hacia la costa. Aún así, la gran mayoría decidió ir a la huelga hasta que se solucionase la situación. Por ello, el Coronel Patterson, se tomó la caza de los leones como algo estrictamente personal.

Con el fin de abatir a las fieras, Patterson decidió construir un andamiaje en un claro junto al campamento y ató bajo él a unas cabras como cebo.

Horas después, cuando la oscuridad era impenetrable, el hombre detectó por los ruidos que había hecho acto de presencia uno de los felinos. El animal comenzó a dar vueltas en torno a la endeble estructura, ignorando el cebo y muy consciente del ser humano que se encontraba en la parte superior. Tras un par de horas empezó a trepar por uno de los mástiles.

El pánico se adueñó de Patterson, que sabía que si por el peso de la fiera todo se desplomaba, no tendría salvación. El león continuó trepando hasta que Patterson le descerrajó 2 tiros a boca jarro cuando estaba a menos de 2 metros de la plataforma superior. Al bajar, el coronel pudo comprobar aliviado que la fiera yacía muerta al pie del andamio.

El segundo animal fue abatido de una forma más improvisada, pues una noche se presentó en el campamento. Mientras se daba un festín con uno de los trabajadores, Patterson consiguió herirlo de un disparo. Aún así, el león escapó.

A la mañana siguiente el coronel convocó una batida que siguió el rastro de sangre que el animal había dejado. Finalmente lo encontraron aún con vida y de un talante... "Poco amistoso.
Por ello, los hombres buscaron refugio en los árboles para evitar sus acometidas. Desde allí, Patterson necesitó dispararle 6 veces para acabar con su vida.

Actualmente, los leones pueden admirarse en el Field Museum de Chicago, donde se exhiben disecados. Cuando digo admirarse, lo digo tal cual, pues a lo largo de los 9 meses que duró la pesadilla, los felinos mataron a 28 indios, 15 porteadores africanos y un número indeterminado de animales domésticos.

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