jueves, 10 de julio de 2008

UNA HISTORIA EN BLANCO Y NEGRO

90 años educando perros para ser sus ojos


En 1916 abrió sus puertas en Alemania la primera escuela de perros guía. Hoy, 90 años después, y con motivo de este feliz aniversario, se hace difícil no escribir y homenajear a su vez a aquellos profesionales, adiestradores y perros, que paso a paso han ido creando un camino de ilusiones y excelentes resultados en las más de cien escuelas que en la actualidad prosiguen con gran esmero su labor.


Todo comenzó en 1827 en Austria, cuando Leopold Chimani publicó un libro en el que mencionaba la historia de Joseph Resinguer, que ciego desde los 17 años, había adiestrado a sus tres perros. Años más tarde, Johann Wilkelm Kleinn y Jacob Birrer publicaron sendos libros en los que describían las técnicas de adiestramiento. A pesar de ello, todo eran intentos personales y no fue hasta 1916 cuando el Dr. Gerhard Stalling, con motivo de ayudar a los soldados que a consecuencia de los combates en la I Guerra Mundial habían quedado ciegos, abrió la primera escuela de perros guía en Oldenburg, Alemania.


Lo que en un principio comenzara de forma experimental, pasó a ser una realidad al amparo de los resultados obtenidos. En poco tiempo se abrieron dos escuelas más que empezaron a entrenar perros para civiles. De este modo, y dando valor a la teoría de que toda piedra hace pared, fueron apareciendo centros de adiestramiento en otros lugares del mundo llegando a la situación actual en la que hay escuelas en la mayoría de países desarrollados.


En España, contamos con la Fundación ONCE del Perro Guía, situada en Boadilla del Monte, Madrid, que ha otorgado más de 1.000 perros y cuyo crecimiento, trabajo y resultados la sitúan como una de las escuelas punteras del mundo. De este modo, y con el convenio existente con la escuela americana Leader Dogs, se le aporta al usuario una inmejorable oportunidad de disfrutar de la compañía, el apoyo y el trabajo que día a día realizan nuestros fieles compañeros de cuatro patas.


Son animales dóciles que han sido perfectamente adiestrados. Por ello, cuando desempeñan su función de guía, no se les debe distraer y en ningún caso debe dárseles comida ya que su dieta y alimentación son controladas de forma estricta. A su vez, el seguimiento veterinario al que son sometidos es exhaustivo, con lo que su salud es excelente. De este modo, toda persona acompañada por su perro guía, tiene permitida por ley la entrada a los lugares, alojamientos, locales y transportes públicos.
Ellos, aunque tal vez no lo sepan, son seleccionados meticulosamente, siendo hoy por hoy el Labrador, el Golden Retriever y el Pastor Alemán, las tres razas más utilizadas para esta tarea. Esta selección no se detiene ahí, sino que desde que nacen son puestos a prueba una y otra vez para que estén preparados ante el máximo número de situaciones posibles y sepan reaccionar con rapidez pero con calma.


Caminos cruzados


Su historia, es y fue como la de tantos otros, aunque hay quien dice que al igual que no hay dos personas idénticas, cada perro es diferente. Cuando se para a pensar en su infancia, vagos recuerdos acuden a su mente: el calor y los lametones de su madre, los juegos con sus hermanos, y su extrañeza al ver que no todos los que la rodeaban tenían cuatro patas, ya que otros a los que en poco tiempo incluyó en su manada andaban sólo con dos, erguidos, y también transmitían cariño y afecto.


Poco tiempo después todo cambió de pronto. Sin previo aviso, sus hermanos y su madre dejaron de estar junto a ella, y su lugar fue ocupado únicamente por aquellos que cada día le eran más familiares, pero que a fin de cuentas no eran como ella. Pasó algunos días de angustia, de pena por no estar con los suyos, aunque manos cálidas, palabras amables, voces tranquilizadoras y un nuevo nombre, Nyka, le abrieron las puertas a una nueva vida, con una nueva manada de la que ya se sentía un miembro más.


-¡No sabía que se podía correr tan rápido!- Al bajar del tren todo le daba vueltas y un hormigueo le recorría las patas. Ahora, años después, entreabre los labios y deja caer la lengua a un lado, mientras con la mirada perdida intenta acordarse de todos los viajes que hizo en coche, en autobús, en tren, acompañando a todas partes a la familia que la había enseñado a no ensuciar la casa, a obedecer, a respetar las jerarquías de su manada, a quienes al fin y al cabo la habían acogido, haciendo suyos todos esos lugares vetados para otros que no eran tan listos, ni estaban tan bien educados como ella. -¿Por qué me dejáis aquí? Quiero volver a casa con vosotros! No me gusta este sitio!- Tiene gracia pensar eso ahora que sabe que está con su verdadero y definitivo dueño. Ella no lo sabía, pero había pasado un año con su familia de acogida, y se encontraba de vuelta en su escuela, donde como suponía, superó todas las pruebas. Entre otras cosas, sabía pararse en los escalones y escaleras, buscar puertas, esquivar obstáculos, y guiar a su entrenador mientras él llevaba los ojos vendados. Lograba así el mérito que permite patear las calles siendo la fiel amiga de quien más lo necesita.


Había llegado el momento de conocerla. Tenía que esperar a que su instructor le trajera a la que sería su compañera de fatigas en los próximos años. Carlos sólo sabía eso: Es una perra, muy inteligente y con buena presencia. ¡Cuánta razón tenían! Recuerda mientras acaricia su lomo y escucha ese gruñido grave, profundo, que Nyka emite para hacerle saber que se siente a gusto con su contacto.


Pocas semanas después y tras haber sido probados, desde la escuela se les da la enhorabuena y ambos pueden comenzar a disfrutar del que hasta la fecha es el placer que les une: vivir juntos sintiendo que al andar, sus cuerpos son uno, y que algún extraño giro del azar permite que se conozcan, que se entiendan y que ambos compartan los momentos que la vida les reserva. Como decía Aristóteles: “La amistad es un alma que habita en dos cuerpos; un corazón que habita en dos almas”.


Carlos no lo sabe pero Nyka le mira. En blanco y negro, tal y como ven todos los perros. Es una mirada que puede parecer triste, melancólica, pero que con ella expresa mucho más que eso: certeza, cariño, amor, sinceridad e inocencia. Le observa así mientras piensa que le guiará siempre, incluso cuando sus caminos se separen, cuando ella haga sola su último viaje, y desde arriba le lleve por sendas libres de obstáculos y de andar tranquilo.


Carlos Grau Belda.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Precioso, lo que has escrito solo se puede definir con esa palabra, precioso.

Anónimo dijo...

Realmente hermoso lo que haz escrito.

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